SANTO DOMINGO.- Las relaciones diplomáticas entre República Dominicana y Nicaragua atraviesan un nuevo punto de tensión luego de que el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo decidiera cerrar su embajada en Santo Domingo, medida de la que las autoridades dominicanas tomaron conocimiento sin que Managua haya explicado públicamente las razones.
El cierre ocurre semanas después de que República Dominicana convocara a consultas a su embajadora en Managua, en respuesta a pronunciamientos de las autoridades nicaragüenses que el Gobierno dominicano consideró contrarios a los principios democráticos y a los compromisos asumidos dentro del sistema interamericano.
La decisión dominicana se produjo el 23 de julio y marcó un deterioro en el vínculo bilateral que ahora se profundiza con la salida de la representación diplomática nicaragüense del país.
Uno de los principales puntos de fricción fue una declaración de Ortega en la que sostuvo que en Nicaragua «no volverán a haber elecciones». Las palabras provocaron una respuesta inmediata de la Cancillería dominicana, que cuestionó que se desconozca el derecho de los ciudadanos nicaragüenses a escoger libremente a sus gobernantes.
Para el Gobierno dominicano, unas declaraciones de esa naturaleza representan un desconocimiento de los fundamentos de la democracia representativa y del principio de celebrar elecciones periódicas, libres, justas, transparentes y plurales.
La reacción de Managua también elevó el tono de la disputa. El Gobierno nicaragüense respondió con críticas hacia las instituciones dominicanas y acusó de mantener «voces vasallas y servidumbres vergonzosas» en sus máximas instancias.
En este escenario, el Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano informó que tomó nota de la decisión nicaragüense de cerrar su misión diplomática en Santo Domingo, sin anunciar por ahora medidas adicionales frente a la determinación.
La Cancillería señaló que continuará observando la evolución de los vínculos entre ambos Estados y que el seguimiento se realizará mediante los canales y procedimientos propios de las relaciones diplomáticas.
El cierre de la embajada no representa, por sí solo, una ruptura formal de las relaciones entre República Dominicana y Nicaragua, pero constituye una señal del nivel de deterioro alcanzado por los contactos oficiales después de los intercambios públicos registrados durante las últimas semanas.
El conflicto se desarrolla además en un contexto regional en el que las posiciones del Gobierno de Ortega frente al sistema democrático y sus relaciones con otros países latinoamericanos han generado cuestionamientos internacionales, mientras Santo Domingo mantiene una postura de defensa de los mecanismos democráticos y de los compromisos interamericanos.
Por ahora, ninguna de las partes ha informado si la representación diplomática será restablecida o bajo qué condiciones podrían normalizarse las relaciones. La evolución de los contactos oficiales determinará si el cierre constituye una medida temporal dentro de la disputa o un nuevo período de distanciamiento entre ambos gobiernos.








