
Los Tigres del Licey, uno de los equipos más emblemáticos de la Liga Dominicana de Béisbol Profesional (LIDOM), enfrentaron una temporada 2025-2026 llena de desafíos que culminaron en su eliminación de la contienda por el round robin, la etapa semifinal del torneo. Esta eliminación no fue un evento aislado, sino el resultado de una acumulación de factores que incluyeron debilidades ofensivas crónicas, decisiones estratégicas cuestionables y un cierre de campaña dramático donde cada juego era decisivo.
El equipo, dirigido por Gilbert Gómez (ratificado en febrero de 2025), contaba con un staff de operaciones liderado por Fabio Herrera como director de operaciones internacionales y Nathalie Ramírez en roles de apoyo. A pesar de un roster con potencial histórico, los Tigres terminaron con un récord aproximado de 22-28, ubicándose en el quinto o sexto lugar de la tabla de posiciones.
La eliminación se materializó la noche del 22 de diciembre, cuando los Gigantes del Cibao derrotaron 5-3 a los Tigres, asegurando su propio pase y sellando el destino de Licey. Previo a esto, el equipo estaba «en la cuerda floja», necesitando ganar todos sus juegos restantes (incluyendo dos ante Gigantes) mientras esperaba tropiezos de rivales directos. Una derrota el 21 de diciembre ante Toros del Este (6-9) los colocó en zona de peligro, y el diferencial de carreras más bajo del torneo (-34) evidenció problemas estructurales.
A mitad de temporada (tras 25 juegos), Licey era último en cuadrangulares (11), carreras anotadas (91) y remolcadas (81), con un OPS colectivo de .655 (cuarto en la liga). Su promedio con corredores en base era el peor (.200), y en posiciones de anotar apenas .188, lo que indicaba falta de clutch y presión sostenida. Además, lideraban en ponches (220) y eran penúltimos en bases por bolas (96), con solo 26.37% de hits como extrabases. Estos números sugieren una ofensiva sin poder ni plan claro, agravada por un calendario final exigente contra equipos fuertes como Águilas y Toros.
La pregunta central gira en torno a si la gerencia o el dirigente si tienen mayor culpa. La evidencia se inclina hacia una responsabilidad compartida, pero con mayor peso en la gerencia.
Las decisiones en la conformación del roster, como falta de refuerzos en bateo de poder y movimientos internos (despidos de coaches y jugadores a mitad de temporada) que no cambiaron el rumbo. Si estos despidos fueron justificados, generando opiniones divididas entre fanáticos, ya que no resolvieron la crisis ofensiva. En temporadas pasadas, gerencias previas fueron culpadas por cambios cuestionables, un patrón que podría repetirse. La gerencia actual, encabezada por Audo vicente, al no abordar tempranamente las falencias, dejó al equipo vulnerable en un torneo competitivo.
El dirigente Gilbert Gómez, ratificado antes de la temporada, es visto por algunos como no responsable principal, ya que trabajó con limitaciones, aunque críticas apuntan a su manejo táctico en situaciones de presión. Cambios como despidos de coaches a mitad de campaña no revirtieron la tendencia negativa.
Licey, con 24 coronas históricas, pasó de tres finales consecutivas a un «final decepcionante». Contrastando con los movimientos en Licey que no rindieron. El consenso es que el fracaso fue multifactorial, con llamados a revisar la estructura organizacional para futuras temporadas.





