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El mensaje del papa a Europa: negociar, respetar al otro y evitar que las diferencias terminen en enfrentamientos

METZ, Francia.- El papa León XIV instó a Europa a asumir un papel activo en la defensa de la paz internacional y advirtió que las relaciones entre las personas y los Estados atraviesan una etapa de creciente hostilidad, en la que, según expresó, se debilita el compromiso con la palabra dada y se normalizan la mentira y el engaño.

El pontífice formuló el llamado este lunes durante un encuentro sobre las raíces europeas de la paz y la unidad, celebrado en Metz, en la última jornada de su visita a Francia. Ante el presidente Emmanuel Macron y representantes políticos y religiosos, defendió el diálogo como alternativa a la confrontación y pidió recuperar el respeto por las diferencias.

A su juicio, la experiencia europea de las últimas ocho décadas demuestra que es posible defender intereses y posiciones contrapuestas sin recurrir al enfrentamiento. En ese sentido, consideró que el continente dispone de una trayectoria histórica que puede contribuir a detener el deterioro de las relaciones internacionales.

León XIV también reivindicó el derecho internacional y el multilateralismo como instrumentos para garantizar la igualdad entre los Estados y contener las aspiraciones de dominación que, en su análisis, están en el origen de los conflictos. Su planteamiento situó la cooperación internacional como una condición para construir relaciones más estables, frente a las decisiones unilaterales y las disputas de poder.

La guerra que vuelve a afectar al continente europeo ocupó otro lugar central en su intervención. El papa lamentó el costo humano de los enfrentamientos y recordó la vigencia de la Declaración Schuman de 1950, que planteó la cooperación organizada entre los países europeos como una contribución indispensable para preservar la paz.

A partir de ese legado, exhortó a las instituciones europeas a sostener negociaciones prolongadas, actuar con audacia diplomática y aceptar concesiones cuando sean necesarias para alcanzar un objetivo superior. No obstante, advirtió que la búsqueda de la paz no debe confundirse con ingenuidad y pidió cautela ante lo que describió como la ilusión del rearme.

El discurso tuvo como escenario una ciudad marcada por los conflictos fronterizos y vinculada a Robert Schuman, uno de los impulsores de la integración europea. La elección de Metz permitió al pontífice conectar la memoria de las guerras del continente con el proyecto de cooperación que surgió después de la Segunda Guerra Mundial.

Macron, por su parte, presentó a Europa como un continente con raíces judeocristianas y una tradición de paz, pero advirtió que la guerra ha regresado a sus fronteras a través de la invasión rusa de Ucrania. El mandatario francés sostuvo que esa situación exige una respuesta europea y defendió el apoyo a Kiev, junto con el desarrollo de capacidades comunes de defensa.

El presidente también vinculó la seguridad del continente con otros desafíos, entre ellos la competitividad económica, la lucha contra el cambio climático y la regulación de las nuevas tecnologías. En este último punto, coincidió con la preocupación expresada por León XIV sobre la necesidad de orientar el desarrollo tecnológico al servicio de las personas.

Aunque Macron había extendido invitaciones a los líderes de los otros 26 países de la Unión Europea y a representantes de sus instituciones, la asistencia fue limitada. Entre los participantes estuvieron el príncipe Alberto II de Mónaco, el gran duque Guillermo de Luxemburgo, los primeros ministros de Francia y Luxemburgo, el obispo de Urgell y copríncipe de Andorra, Josep-Lluís Serrano Pentinat; la ministra-presidenta del estado alemán del Sarre, Anke Rehlinger, y el expresidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker.

La intervención de Metz cerró la visita del papa a Francia con un mensaje dirigido tanto a las autoridades como a las sociedades europeas: preservar la paz requiere algo más que acuerdos formales, pues depende de la disposición a reconocer al otro, mantener abiertos los canales de diálogo y anteponer la cooperación a la voluntad de imponerse.

Crédito: EFE

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