NUEVA YORK.- La competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo en inteligencia artificial ha dejado de ser presentada en Washington únicamente como una disputa tecnológica. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, advirtió que una ventaja de Pekín en este campo podría comprometer incluso las capacidades estratégicas y militares de su país.
Durante un acto celebrado el martes en Washington, Bessent sostuvo que Estados Unidos no puede ralentizar sus esfuerzos porque China continuará avanzando en el desarrollo de la IA. A su juicio, una eventual superioridad china en esta tecnología podría volver insuficientes otras fortalezas de Washington, incluido su elevado presupuesto de defensa.
El funcionario llegó a plantear el escenario en términos extremos al afirmar que, si Pekín consigue imponerse en esta carrera, “nada más importará”. Estados Unidos destina actualmente alrededor de 1.5 billones de dólares a defensa, pero Bessent consideró que ese nivel de gasto no garantizaría por sí mismo la protección del país ante una desventaja tecnológica decisiva.
La advertencia coincide con nuevas acusaciones de organismos estadounidenses contra compañías chinas de inteligencia artificial. El FBI, la Agencia de Seguridad Nacional y otras autoridades señalaron a seis empresas, entre ellas DeepSeek, Moonshot AI y Alibaba, por utilizar a gran escala una técnica conocida como “destilación” para reproducir capacidades desarrolladas por modelos estadounidenses.
La llamada destilación consiste en utilizar las respuestas de modelos de mayor tamaño y capacidad para entrenar sistemas más pequeños. Esta metodología puede reducir costos y acelerar el desarrollo de nuevas herramientas de inteligencia artificial, aunque Washington sostiene que algunas empresas chinas la estarían empleando para copiar tecnología estadounidense.
Bessent defendió esa acusación durante otra intervención realizada el mismo día en la Universidad Metodista del Sur, en Dallas. El secretario comparó la práctica con copiar el trabajo de otra persona y sostuvo que las empresas chinas no podrían superar a Estados Unidos si dependen de los avances desarrollados por compañías estadounidenses.
El cruce tecnológico ocurre mientras ambos gobiernos intentan mantener bajo control otras áreas de su rivalidad. Washington y Pekín mantienen una tregua comercial que redujo parte de los aranceles impuestos durante la escalada de tensiones de los últimos años, pero continúan las diferencias sobre semiconductores, tierras raras, empresas tecnológicas y restricciones comerciales.
A ese escenario se suma la próxima visita del presidente chino, Xi Jinping, a Washington, prevista para finales de septiembre. El encuentro se producirá después de varios meses de contactos destinados a reducir las tensiones entre las dos mayores economías del mundo.
La relación bilateral también enfrenta nuevos roces por las medidas estadounidenses contra Irán. Washington ha impuesto sanciones contra sociedades de Hong Kong y empresas chinas a las que acusa de participar en operaciones de compra, pagos, transporte marítimo y suministro tecnológico para Teherán.
Para Bessent, sin embargo, la competencia por la inteligencia artificial constituye un desafío de una dimensión distinta. Su advertencia coloca el desarrollo de esta tecnología dentro de una disputa más amplia por la capacidad económica, militar y estratégica que definirá la posición de ambos países en los próximos años.








