Teherán.- La disputa entre Irán y Estados Unidos amenaza con extenderse más allá de los dos países después de que Teherán advirtiera que considerará “enemigos” a los Estados que colaboren con la nueva campaña de presión económica impulsada por Washington.
La advertencia fue formulada por Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, quien señaló que el Gobierno primero buscará persuadir a los países vecinos para que no participen en las medidas estadounidenses, pero que posteriormente podría adoptar acciones contra aquellos que mantengan su cooperación con Washington.
El funcionario iraní elevó aún más el tono al mencionar las rutas utilizadas para exportar petróleo desde países de la región. Rezaei sostuvo que Irán podría atacar vías de exportación situadas más allá del estrecho de Ormuz si otros gobiernos contribuyen a la campaña económica estadounidense.
La amenaza introduce un nuevo elemento de riesgo en una confrontación que ya tiene una dimensión militar y que se aproxima a los seis meses. El estrecho de Ormuz constituye además una de las principales rutas mundiales para el transporte de petróleo, por lo que cualquier alteración en esa zona podría tener repercusiones mucho más allá del conflicto bilateral.
Teherán también advirtió directamente a Washington. Rezaei afirmó que Irán hasta ahora ha limitado sus ataques a instalaciones militares estadounidenses, pero aseguró que una nueva ofensiva económica podría llevar a las autoridades iraníes a considerar objetivos económicos y empresariales estadounidenses en la región.
Las declaraciones se producen después de que el presidente Donald Trump anunciara lo que calificó como un “DÍA D económico” contra Irán, una operación destinada a incrementar el aislamiento financiero del país y ejercer presión para poner fin al conflicto y facilitar la reapertura del estrecho de Ormuz.
Washington todavía no ha detallado el alcance de las nuevas medidas. Sin embargo, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ya advirtió que los países que proporcionen ayuda considerada esencial para Irán podrían enfrentar consecuencias económicas.
El impacto potencial alcanza especialmente a los principales socios comerciales de la República Islámica. China, que compra una parte mayoritaria del petróleo iraní, figura entre los actores más expuestos a las nuevas presiones estadounidenses. Emiratos Árabes Unidos, por su parte, anunció esta semana la suspensión de relaciones comerciales, intercambios mercantiles y transacciones financieras con Irán.
El enfrentamiento se desarrolla sobre una estructura de sanciones que Estados Unidos y otros países mantienen contra Teherán desde hace décadas. Las restricciones han limitado el acceso iraní a los mercados internacionales y han golpeado especialmente sus ingresos petroleros, aunque hasta ahora no han conseguido que el Gobierno iraní abandone sus principales posiciones políticas y estratégicas.
La nueva fase de presión coloca así a los gobiernos de la región ante una decisión delicada: mantener sus vínculos económicos con Irán y exponerse a posibles represalias estadounidenses, o alinearse con Washington y asumir el riesgo de convertirse en objetivos de las medidas que Teherán ha prometido adoptar.
Crédito: EFE








