El fin del Estatus de Protección Temporal (TPS) para más de medio millón de haitianos ha provocado una ola de temor en comunidades haitianas en Estados Unidos, especialmente en Florida, donde reside gran parte de esta diáspora. La medida, impulsada por la administración del expresidente Donald Trump, entrará en vigor el 2 de septiembre, pese a que el propio gobierno estadounidense mantiene prohibiciones de viaje a Haití por la creciente violencia de las pandillas.
Líderes comunitarios, religiosos y funcionarios electos de origen haitiano han alzado la voz denunciando que deportar a tantas personas a un país sumido en el caos sería una acción inhumana. Destacan que Haití atraviesa una de sus peores crisis, con más de 1,3 millones de desplazados internos, miles de asesinatos y una inseguridad alimentaria que afecta a la mitad de la población. Además, advierten que muchos de los deportados son padres y madres que llevan décadas en suelo estadounidense.
En Florida, estado que alberga el mayor número de haitianos con TPS, el miedo se ha intensificado ante las políticas migratorias del gobernador Ron DeSantis, como la construcción de prisiones para inmigrantes en zonas aisladas. La comunidad teme tanto a las redadas del ICE como a la separación familiar. Líderes locales han calificado la medida como un “acto cruel” y piden a las autoridades federales reconsiderar la eliminación del TPS en vista de la crítica situación en Haití.








