A dos meses de su segundo mandato, el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha adoptado una postura más agresiva contra la prensa, generando preocupación entre periodistas y defensores de la libertad de expresión. Su administración ha impulsado restricciones a la cobertura mediática, excluyendo a medios tradicionales de eventos oficiales y favoreciendo a plataformas afines. Además, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) ha incrementado su presión sobre cadenas de televisión, mientras el Pentágono ha restringido el acceso de ciertos medios a sus instalaciones.
El equipo de Trump ha reforzado su estrategia de comunicación con la cuenta “Rapid Response 47” en X, dedicada a responder rápidamente a noticias que consideran “falsas” y a desacreditar a periodistas críticos. Asimismo, el mandatario ha presentado demandas contra medios que considera hostiles, como CBS News y The Des Moines Register, mientras la FCC investiga a ABC y NBC por supuestas violaciones a regulaciones federales. Estas acciones han generado inquietud sobre el impacto en la independencia del periodismo y la cobertura imparcial del gobierno.
A pesar del ambiente hostil, varias redacciones se han mantenido firmes en su labor informativa. Medios como 60 Minutes, The Atlantic y Wired han reforzado su cobertura de temas sensibles, mientras que la incertidumbre rodea el futuro de instituciones como Voice of America, afectada por recortes y presiones gubernamentales. Expertos advierten que las constantes amenazas legales y regulatorias podrían tener un efecto corrosivo en la prensa, limitando su capacidad de fiscalizar al poder.








