
En la naturaleza la hembra ha jugado un rol fundamental en la procreación de todas las
especies. Sin su existencia no existirían los animales, las aves, los peces, ni los humanos.
El varón, por sí solo no procrea, no se reproduce, precisa de una hembra que guarda en
su vientre durante un tiempo determinado a los nuevos seres, a los que han de continuar
la especie.
La unión de dos, varón y hembra, en los animales, las aves y los peces, se requiere de
esa unión. Por lo tanto, unos y otras, ella y el tienen que estar indisolublemente juntos.
No es casual que los machos pelean, hasta la muerte muchas veces, por aparearse con
las hembras en la selva, en los mares y entre los humanos.

Sin embargo, el hombre ha marginado históricamente a su compañera, subordinándola,
relegándola, convirtiéndola en una cosa, en un instrumento sexual, en una incubadora,
mancillándola, violándola, asesinándola y evitando su desarrollo integral.
No fue Dios el que creó al hombre, fue el hombre que lo creó, y lo hizo a imagen y
semejanza, con todas sus imperfecciones, con su avaricia, con su ambición desmedida
que ha terminado deshumanizándolo, convirtiéndola en una bestia más, que mata por
matar, depredador de su propio habitad. El hombre contra el hombre. La explotación
del hombre por el hombre mismo.

La mujer es la culpable de toda la tragedia humana. Ella convenció al estúpido de Adán
a comer del árbol prohibido. Ella fue creada de una costilla del hombre porque Dios lo
vio muy solo en el paraiso. Ella, por haber pecado, fue condenada “a parir con dolor sus
hijos”. En casi todas las religiones las mujeres están relegadas a un segundo plano, igual
que en todo lo demás.

Sin embargo, en la naturaleza no existe un ser más extraordinario y maravilloso que la
hembra, no solo porque es quien alberga la vida en su seno para que ésta continúe, sino
por todo el amor y la entrega, porque es capaz del sacrificio supremo de dar su propia
vida a cambio de la vida de sus hijos.
Nacer hombre en un mundo de hombres, ha sido relativamente fácil y hasta placentero;
en cambio, nacer mujer en un mundo de hombres, ha sido una desgracia que muchas
veces se convierte en tragedia.

No obstante, la historia de la humanidad no puede escribirse sin el esfuerzo, la
tenacidad, la valentía y el coraje de las mujeres que han tenido que luchar
tesoneramente para lograr avanzar en contra de la corriente, teniendo muchas veces
como su principal contendor al hombre, algo inexplicable, que ha retrasado el desarrollo
de la humanidad.
El hombre ha debido ser compañero, amigo, amante, cómplice de las
mujeres, sus compañeras. Pero no ha sido así, para desgracia de ambos. Los aportes de
las mujeres en el desarrollo de la humanidad son tangibles en todas las ciencias, en la
literatura, en la enseñanza, en la producción de bienes y servicios, incluso en la guerra.







