
La prensa nacional es altamente celosa con el respeto irrestricto a la libertad de prensa por lo que el desafío de la Junta Central Electoral a ese derecho ciudadano provocó un escarceo, innecesario.
Los periodistas defendimos con garras y dientes el derecho vulnerado y, por ello, la pretensión fue desafiada.
Ahora la Junta ha dado un paso al costado sobre el espinoso tema, que tenía como punto focal la prohibición, por resolución, de publicar los resultados de encuestas de opinión con contenidos relativos a la política partidistas, posicionamientos y preferencias que la gente le otorga a partidos y candidatos, de cara a los comicios del 2028.
Dejar sin ‘aplicación temporal’ el articulado denunciado no basta. Es necesario derogar, revertir, eliminar definitivamente la pretensión de violación al ejercicio de la libertad de prensa, derecho fundamental consagrado en la Constitución.
Haber dado ese paso muestra a la Junta en un camino de reflexión y, esperamos, de enmendar definitivamente el error.
Por ello, creo, no era necesaria la declaración de que “la Junta no se arrodilla ni para pedir matrimonio”.
Porque no se trata de arrodillar, ni de vencidos ni vencedores. Se trata de derechos y respeto. De actuar de cara a la ley, a la Constitución.
Román Jáquez, el presidente de la Junta, es un hombre inteligente, altamente profesional, afable, receptivo.
Por ello ha causado extrañeza la tozudez con que se ha manejado este enojoso incidente.
Ojalá la experiencia sirva para no repetirlo. Retornar al estado de relaciones, respeto y apoyo que la prensa les ha dado es vital para lograr un exitoso resultado en 2028. Entonces ¿para qué la provocación?







