Opinión

La educación no es regresiva

Por Carlos Salcedo

El revocado anuncio del gobierno de tocar fondos presupuestarios asignados a
la educación revive o mantiene el debate del uso de los recursos dispuestos
para el Ministerio de Educación. Efectivamente, luego proponer reducir más de
4,000 millones de pesos de la asignación presupuestaria para educación, ante
el reclamo de diversos sectores ligados a la educación, como el Foro
Socioeducativo y los grupos del “4 por ciento para la educación”, el gobierno
declinó la transferencia de dichos recursos para otros proyectos y programas
que bien pueden ser prioritarios del gobierno y para el país.

La transferencia de recursos de un ministerio a otro no es un hecho nuevo. Sin
juzgar lo bueno o lo malo de tal medida, de hecho siempre ha ocurrido. Pero, lo
cierto es que si no se ejecutan determinadas partidas presupuestarias, por
incapacidad de la gestión o por situaciones que escapan a los gestores
públicos, la Constitución prevé la posibilidad de la modificación presupuestaria.
De ahi que, de entrada, no es un pecado constitucional transferir partidas de un
ministerio a otro. La Constitución prevé, en efecto, la inclusión de nuevas
partidas y la modificación de la Ley de Presupuesto General del Estado y con
ello el traslado de recursos presupuestarios de una institución a otra.

Para hacerlo la Carta Sustantiva establece que tiene que ser mediante una ley,
por una mayoría calificada, de las dos terceras partes de los presentes en cada
cámara legislativa (art. 234 CR) y siempre que la referida modificación sea
anterior al primero de octubre de cada año. En caso de que la propuesta de
modificación presupuestaria se presente con posterioridad a esta fecha, se
requerirá la mayoría absoluta de los miembros de la matrícula de cada cámara
-más de la mitad de los senadores y de los diputados- (art. 235 CR).

Ahora bien, luego de tantas luchas ciudadanas libradas para lograr que se
cumpliera la Ley Orgánica de Educación, núm. 66-97, que dispone el 4% del
Producto Interno Bruto (PIB) para la educación, parecería un contrasentido
histórico y una paradoja discursiva, política y práctica disminuir los recursos
asignados cuando la propia Constitución (art. 63) y la ley establecen que la
educación es un derecho fundamental, permanente e irrenunciable del ser
humano.
El cuestionamiento al uso de los fondos de educación no puede constituirse en
un freno a la apuesta para una mejor educación, que tiene entre sus elementos
gravitantes, los recursos económicos. Debemos sí abrir espacios de discusión
amplios, técnicos, políticos y ciudadanos para ver y determinar si se está
invirtiendo lo necesario en la formación docente, problema capital de nuestra
educación; en educación primaria y secundaria; en mejoramiento y
mantenimiento de los espacios educativos y en nuevas, consolidadas y
expansivas estrategias educativas.

Si la educación es uno de temas más importantes en la formación de la
sociedad, ese ideal no puede disminuir ni decaer. El ministro de educación y su
equipo como el gobierno todo deben asumir en la práctica, sin aspavientos;
pero manteniendo la transparencia en el uso de los recursos, el objetivo de
alcanzar los niveles educativos que nos pueden garantizar el paso del
subdesarrollo al desarrollo.

Lejanos estamos aún de países latinoamericanos -para no ir a los países más
desarrollados- que, aún con sus problemas, han apostado mayores recursos a
la educación que los nuestros. Es el caso de Costa Rica que, aunque ha
bajado la inversión que llegó a más del 7%, supera el 6% del PIB de inversión
educativa; Brasil y Argentina alrededor de un 6%, México alrededor de un 5% y
Colombia un 4.%, aproximadamente.

Cuando se habla de un porcentaje del PIB para educación y este es cada vez
mayor ello significa que tenemos más posibilidades de mejorar nuestras
políticas públicas y estrategias educativas, con fuerte y robusta incidencia en
nuestro desarrollo.

Debe recordarse que los derechos fundamentales, como el de la educación,
son progresivos, por lo que el Estado debe garantizar el gradual progreso para
lograr su pleno cumplimiento, para lo cual será necesario tomar medidas a
corto, mediano y largo plazo, con eficacia y eficiencia y que no entrañen
retroceso alguno.

Una vez hemos tomado en serio el derecho a la educación, la práctica y
gestión administrativa no puede desdecir del lugar que se le ha dado, de ahí
que deben mantenerse las políticas de inversiones para tener un profesorado
capacitado para la primaria y la secundaria, desde la infancia hasta la adultez,
bases fundamentales para la formación de una sociedad plural, tolerante y
cohesionada.

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