
Ni Balaguer, ni Peña Gómez, ni Guzmán, ni Hatuey, ni Jorge Blanco, ni Hipólito (para no irnos a los remotos tiempos de los Rojo y Azules) pudieron evitar el surgimiento de liderazgos internos disidentes en sus partidos, insidiosos, jodones. Porque sólo así fluyen los sectores y clases sociales, los grupos profesionales y laborales organizados y los grupos de poder que inciden en todos los procesos políticos y sociales. De no aceptarlo así el PRM, su destino sería caer en entelequia política mucho antes de tiempo…(Si no, que les preguntan, entre otros, a Miguel Vargas Maldonado y Quique Antún, que ya no tienen ni quien les cargue los bultos).






