
La clase gobernante, políticos y poderes fácticos -empresariado, Iglesia, la gran prensa, la ‘toda poderosa’ sociedad civil y las incontrolables redes sociales- enfocan tiempo y esfuerzos en tratar de dirigir la sociedad –y lo logran en parte y ocasiones- hacia el resultado de sus intereses personales, de grupos, de clase, insuflados por el ego y el poder -beneficios económicos incluidos- para lo que levantan una permanente cortina de humo –a veces tan espesa que los ciega- con acciones y promesas vacuas y engañosas con que pretenden disimular y/o esconder la basura debajo de las alfombras.
Apoyados en que es muy grande la factura social, difícil cubrir, no es menos cierto que muchos de los temas trascendentes -que no dejan reconocimientos, votos, beneficios- quedan de lado y agrandan los problemas. El caso de los ‘ni-nis’ es emblemáticos ya que mientras los barrios explotan con las drogas, la violencia callejera, la delincuencia criminal, la respuesta es la dureza de la represión policíaco-militar, una receta necesaria pero ineficaz si no se equilibra y compensa con acciones y atractivos como educación, incentivo a los deportes, fuentes de trabajo, aprendizaje de carreras técnicas, etc. Reflexionemos sobre estas realidades de nuestra democracia, a la dominicana.







