El escepticismo hacia prácticas médicas básicas para recién nacidos está en aumento en Estados Unidos, generando preocupación entre especialistas de la salud. Más allá de las vacunas, médicos reportan que cada vez más padres rechazan intervenciones rutinarias como la inyección de vitamina K, utilizada desde 1961 para prevenir hemorragias graves. Casos en hospitales evidencian que una proporción significativa de bebés no recibe este tratamiento por decisión de sus familias, lo que eleva los riesgos de complicaciones potencialmente mortales.
Investigaciones publicadas en la revista Journal of the American Medical Association indican que el rechazo a la vitamina K casi se duplicó entre 2017 y 2024, pasando de 2.9% a 5.2% tras analizar más de 5 millones de nacimientos. Expertos advierten que los recién nacidos que no reciben esta inyección tienen hasta 81 veces más probabilidades de sufrir hemorragias graves. Además, este fenómeno suele ir acompañado del rechazo a otras medidas preventivas, como la vacuna contra la hepatitis B y tratamientos oculares para evitar infecciones que pueden causar ceguera.
Especialistas atribuyen esta tendencia a la desinformación en redes sociales, la desconfianza en el sistema de salud y la creencia de que lo “natural” es más seguro. Sin embargo, recalcan que estas prácticas han reducido históricamente la mortalidad infantil y prevenido enfermedades severas. Ante este panorama, los médicos insisten en la importancia del diálogo con los padres para aclarar dudas y fomentar decisiones informadas que garanticen la salud de los recién nacidos.








