Opinión

Alto precio

Pedro Pablo Yermenos

Era la primera maratón internacional en la que participaría. Su ánimo estaba en la cima. Sus recursos en el suelo. Tenía que sufragar la totalidad de sus gastos y no albergaba grandes perspectivas de poder lograrlo. Lo que sí le sobraba era la disposición de cumplir su sueño de completar esos 42 kilómetros para lo que venía entrenando desde hacía tanto tiempo.

Durante meses no gastaba un centavo en algo que no fuera imprescindible. La mayoría de sus limitados ingresos, iba a engrosar los ahorros que acumulaba. Había hecho un presupuesto y la cifra lo aterraba.

Pasaje aéreo; hospedaje; alimentación; pago de inscripción en la competencia; transporte interno y algo para los infaltables imprevistos. No importa, sea lo que sea, no abandonaría la ilusión de cruzar esa meta y colgarse la medalla que lo acreditaría como participante en tan difícil hazaña.

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Echó su vergüenza en el saco del olvido. Recurrió a familiares y amigos en procura de ayuda. El motivo, no contribuía a su causa. No se trataba de un problema de salud; de una propuesta educativa. En cierta forma, era la satisfacción de una recóndita pretensión de su circunstancial vanidad deportiva.

El costo de una aspiración

Todo ocurría en medio de su férreo entrenamiento. La fecha se acercaba a la velocidad del rayo;  su adrenalina subía hasta acelerar el ritmo de un corazón que mezclaba incertidumbre con pasión. Las finanzas no cuadraban, pero estaba dispuesto a todo. Había descartado fallarse a sí mismo; a su novia; a su gente. Se iría, aun con lo mínimo.

Debía llegar al menos 3 días antes de la hora decisiva y así lo hizo. Al arribar a aquella impresionante ciudad europea, repasó su itinerario; el costo de cada etapa y los recursos que tenía para asumirlo. Trabajó fuerte para que la preocupación no afectara su concentración.

Del aeropuerto se dirigió al pequeño hotel que le habían sugerido. Antes de ingresar, se sentó en la cafetería al frente del mismo, donde intentaría saciar el hambre que mordía su estómago. Apenas hacerlo, percibió la intensa mirada del elegante joven sentado contiguo a su mesa. Con asombro, lo vio trasladarse a su lado y entablarle conversación en un inglés que le resultó muy claro.

No pudo resistir la propuesta ante tan increíble coincidencia. Era el gerente del hotel. Ahorrarse ese costo, resolvía su problema. A la mañana siguiente, no obstante, amaneció con la difícil tarea de justificar el alto precio pagado.

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