
El Super Bowl LX, disputado el pasado Domingo 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, representó un hito en la historia de la NFL no solo por el resultado deportivo, sino también por su impacto cultural y social.
Este enfrentamiento entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots fue una revancha del Super Bowl XLIX del 2015, donde los Patriots de Tom Brady habían salido victoriosos en un final dramático. En esta ocasión, los Seahawks se impusieron con un marcador de 29-13, logrando su segundo título de Super Bowl en la historia de la franquicia y el primero desde 2013. El juego se caracterizó por un dominio abrumador de la defensa de Seattle, que recordó a la era del «Legion of Boom», limitando a los Patriots a cero puntos en los primeros tres cuartos y forzando tres turnovers.
Los Seahawks entraron al partido con un récord de 14-3, al igual que los Patriots, pero fue la unidad defensiva de Seattle la que dictó el ritmo del encuentro. Bajo la dirección del coordinador Mike Macdonald, la defensa atrapo al quarterback novato de New England, Drake Maye, en seis ocasiones y generó dos intercepciones, incluyendo una devuelta para touchdown por Uchenna Nwosu que selló el partido. Jugadores como Derick Hall, Byron Murphy II, Devon Witherspoon y el novato Rylie Mills destacaron en la presión constante, confundiendo la línea ofensiva de los Patriots y obligando a Maye a salirse de sus lecturas iniciales. Ofensivamente, Sam Darnold completó 19 de 38 pases para 202 yardas y un touchdown a AJ Barner, mientras que Kenneth Walker III acumuló 161 yardas totales, ganándose el MVP del partido –el primero para un running back desde Terrell Davis en 1997. Jason Myers contribuyó con cinco goles de campo, estableciendo un récord en Super Bowl.
Por el lado de los Patriots, Maye lanzó para dos touchdowns (a Mack Hollins y Rhamondre Stevenson) pero también sufrió dos intercepciones y un fumble, reflejando la presión asfixiante. El marcador por cuartos –Seahawks: 3-6-3-17; Patriots: 0-0-0-13– ilustra la superioridad temprana de Seattle, que solo permitió puntos en el último cuarto cuando el juego ya estaba decidido. Este triunfo de los Seahawks no solo vengó la derrota pasada, sino que resaltó la resurgencia como una potencia defensiva en la NFL.
Por otra parte, el show de medio tiempo fue protagonizado por el artista Boricua Bad Bunny, marcando la primera vez que un artista en español actúa solo en este escenario. Su presentación según algunos medios atrajo entre 135 y 142 millones de espectadores, rompiendo récords y convirtiéndose en uno de los más vistos en la historia del Super Bowl.
Con un setlist upbeat que incluyó hits como «Die with a Smile» (en salsa con Lady Gaga) y «LO QUE LE PASÓ A HAWAII» (con Ricky Martin), Bad Bunny enfatizó temas de herencia latina, resistencia cultural y libertad. Elementos simbólicos como campos puertorriqueños, banderas y shoutouts a países latinos transformaron el show en una lección de historia y celebración de la diversidad americana. Algunos críticos lo calificaron como uno de los 5 mejores shows de medio tiempo de todos los tiempos, alabando su energía, coordinación y mensaje de «bailar sin miedo, hablar sin miedo».
Sin embargo, generó controversias, algunos sectores conservadores, incluyendo un tuit de Donald Trump criticando su «falta de sentido» y el idioma, lo tildaron de «anti-americano». Jimmy Kimmel defendió a Bad Bunny en televisión, destacando la hipocresía de las críticas.







