Opinión

Lula, un Lázaro que reafirma la democracia

Por Carlos Salcedo

La resurrección política es posible. No hay que ir muy lejos. Cuando, después de doce años de
gobiernos autoritarios (1966-1978), Joaquín Balaguer, de gobierno demoautoritario o de
demodura o dictadura ilustrada, como muchos lo llaman, sale del poder político en 1978,
pocos veían la posibilidad de su retorno al poder. Desdiciendo esas predicciones, solo ocho
años después regresa a la silla de los alfileres, con una democracia más auténtica.

Después de salir del poder en 2010, luego de dos períodos de gobierno, de ser,
posteriormente, perseguido políticamente, teniendo el gobierno de turno, de corte
autoritario, a la justicia como instrumento, que lo llevó incluso a la cárcel, en un conocido
juicio derivado de la judicialización de la política y viceverssa, para aniquilar opositores, Luiz
Inácio Lula Da Silva se alza nuevamente con el poder en Brasil, en unas elecciones reñidas.
Triunfó la democracia, triunfó el proceso democrático, que supera en mucho las posiciones e
ideas autoritarias representadas por el bolsonarismo.

Ningún otro sistema de gobierno es
superior a la forma de autogobernarse, que es propio de la democracia. Ninguna otra opción
promueve más la libertad, pues permite la autodeterminación individual y colectiva. La
democracia promueve, además, el desarrollo humano, de manera especial en relación con la
capacidad para ejercer la autodeterminación, la autonomía moral y la responsabilidad por las
propias elecciones. Asimismo, aunque nunca será perfecta, la democracia es la manera más
segura de los seres humanos para proteger y promover los intereses y bienes que
compartimos con otros seres humanos (Robert Dahl).

Con Lula renace la esperanza de más democracia en Brasil, lo que debe irradiar el continente y
allende los mares sudamericanos. Brasil es uno los de países más grandes del mundo, con una
extensión territorial de 8.511.965 km2, es el quinto con la mayor extensión de terreno, con
casi 215 millones de habitantes, y de los más poblados del mundo (25 habitantes por
kilómetros cuadrados) y con una selva amazónica con una extension de 1.500 km2.

De una democracia puesta en riesgo de derrumbe, más que con golpes violentos, a través del
deslizamiento gradual hacia el autoritarismo (Levitsky y Ziblatt), encabezado por Jair
Bolsonaro, Brasil comienza a respirar nuevamente aires de mayor vitalidad del proceso
democrático. De suerte que más que la igualdad política, que no puede constituir un fin en sí
mismo, los brasileños y muchos más en el mundo, de seguro podrán alcanzar, gracias a la
libertad y el desarrollo personal, un medio esencial de lograr una distribución equitativa de la
libertad y de igualdad de oportunidades para el desarrollo personal (Levitsky y Ziblatt) y de
defensa del medio ambiente y de la vida.

Durante sus mandatos anteriores, Lula, quien hizo del medio ambiente una piedra angular de
su reciente campaña electoral, contrario a Bolsonaro, contribuyó a reducir las tasas de
deforestación en la selva amazónica, cosa que ahora quiere volver a hacer. Con ello se abre
nuevamente un liderazgo decidido a luchar contra la crisis climática, pues es posible generar
riqueza sin destruir el medioambiente (aquí también podemos hacerlo y el gobierno
dominicano da señales en Pedernales de querer hacerlo), como afirmó Lula Da Silva
inmediatamente conoció los resultados electorales que lo llevan nuevamente al Palacio de
Planalto.

La resistencia al cambio y a las políticas para proteger el bosque y otras de significativa
importancia para la reducción de la pobreza y el desarrollo humano sostenible y equitativo, se
ha visto reflejada en grandes movilizaciones de seguidores bolsonoristas, que incluso han
bloqueado el tráfico movimiento en calles y carreteras de ese gran país.

Las dificultades serán muchas para el presidente Lula Da Silva. Durante la transición, como ya
vemos; y, más aún, ya estando en el ejercicio del poder, por parte de los partidarios de
Bolsonaro, tanto en el Congreso como en la Amazonía, pues dicho lider ultraderechista ganó
en más de la mitad de los estados que componen la selva.

Sin embargo, es preferible seguir luchando con un demócrata, como Lula, que cree en la
pluralidad como instrumento del desarrollo y que, aunque reducido en el congreso, puede
contribuir a respetar las ideas de libertad y de derechos inalienables no garantizados por
democracias en picada libre, como aquellas que enarbolan quienes no toleran las disidencias y
las diferencias de opiniones, ponen en riesgo la democracia y se pierde con ellos la
democracia, que es mucho más que perder unas elecciones, como afirman Steven Levitsky y
Daniel Ziblatt en Cómo mueren las democracias.

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