
Como adelanté en la primera entrega de esta serie, el rol del abogado es de
mucha importancia y, en su deber de ajustarse a los requerimientos actuales, el
ejercicio de la profesión trae retos importantes: la masificación de la profesión
que deriva en la necesidad del desarrollo del talento, la capacitación y
especialización, la formación legal continua, el impulso para el cambio
necesario de los paradigmas de la justicia tradicional y el ejercicio consciente
de su función social.
Los retos del ejercicio del derecho en la actualidad se pueden dividir en los que
provienen de las oportunidades y los que derivan de las condiciones. Con
respecto a las oportunidades, los abogados tienen el reto de enfrentar la
masificación de los servicios jurídicos provocados por la cantidad de
profesionales que se suman al mercado constantemente. Con respecto a las
condiciones, los abogados deben enfrentar los retos que provienen de la
globalización y los tiempos, necesidad constante de actualización de
conocimientos y desarrollo profesional y la cantidad de fuentes que informarán
la materia del derecho y, por tanto, el ejercicio profesional.
Con relación a la masificación de los servicios jurídicos, en la República
Dominicana, como en todo el mundo, el ejercicio del derecho se ve
necesariamente influenciado por la cantidad de profesionales y la calidad de la
preparación de estos profesionales. Es posible considerar, que la cantidad de
profesionales del derecho que se encuentran habilitados para ejercer la
profesión, influirá de forma proporcional a la cantidad de firmas en el mercado
y, en consecuencia, los niveles de competitividad a los que el ejercicio se verá
supeditado.
A pesar de este panorama, el exceso de profesionales en la abogacía no es un
reto nuevo; sino que ya ha sido abordado por muchos, resaltando el trabajo de
Piero Calamandrei, quien en su trabajo “Demasiados abogados” plantea que “al
enorme exceso numérico de los profesionales de abogado […] corresponde,
como es natural también, un decaimiento de las cualidades técnicas y
culturales de la gran mayoría de los profesionales” 1 . Y es que la cantidad de
profesionales del derecho no implica necesariamente la conquista del deber ser
establecido en las normas respecto del mantenimiento de la institucionalidad,
los valores democráticos, de justicia y dignidad. Precisamente este escenario
impone la exigencia de calidad y eficacia en el ejercicio de la profesión que
demandan las empresas, clientes, instituciones y personas destinatarias de los
servicios jurídicos a los que se deberá el profesional, por sobre todo el Estado
de Derecho al que se deben.
1 Piero Calamandrei, “Demasiados abogados”, traducción de José R. Xirau, Ediciones Jurídicas Europa-
América, Buenos Aires, Argentina (1960). P. 94
Al margen de la necesidad de posicionamiento en ese gran mercado, el
abogado, debe enfrentar el reto del contexto de la globalización, la
modernización de los sistemas y todas las condiciones que genera una justicia
más eficaz, inmediata y cercana. En ese orden, el profesional del derecho debe
cambiar el tipo de pensamiento al que se debe para encajarlo a las
necesidades plurales de las sociedades actuales y ponderar la aplicación de su
técnica en procesos distintos a los tradicionales. Se deben a un ejercicio con
visión renovada. Para posicionarse en el mercado, el abogado debe contemplar
la transformación constante del derecho de forma vertical, desde lo interno y
desde lo externo y, por ello, mantenerse en capacitación constante.
La revolución de las fuentes del derecho para incluir fuentes extraterritoriales y
la creación constante de distintos campos de aplicación de las ciencias
jurídicas, marca un gran reto también para el abogado. Las divisiones
tradicionales de derecho público o privado, civil o penal, se ve revolucionada
por la inclusión de otras ramas, y, por ende, fuentes del derecho que dan
respuesta al fin de resolución de problemas que acompañan a la profesión.
Como ejemplos, el derecho de los mercados, de la moda, de las relaciones
internacionales y otras de vanguardia según las necesidades del momento
histórico en el que se encuentra la sociedad.
Ante esto, y como resultado de la pluralización y globalización de los derechos,
las áreas de prácticas sobrepasan la posibilidad de que el profesional actual se
mantenga capacitado en la misma medida en todas ellas. Ello implica que el
profesional deba especializarse para mantenerse enfocado en el cumplimiento
de los criterios de calidad y referencia en alguna o algunas de las áreas de
práctica para el ejercicio de la abogacía.
El reto formativo, implica que el
profesional del derecho se mantenga en la búsqueda de opciones que pongan
al día su conocimiento, que le suministre la habilidades, destrezas y
competencias que representen la capacidad y aptitud de responder ante los
requerimientos de los clientes y, sobre todo, para poder solucionar sus
problemas.
En ese mismo orden, un reto importante con relación a la formación de los
abogados, se presenta en la divergencia que por cuestiones del constante
cambio se presenta entre la enseñanza y práctica. La realidad, que no es una
realidad óptima, se ve distorsionada por factores externos como fenómenos de
corrupción o burocracia e incapacidad técnica de los actores del sistema. El
profesional del derecho se forma teóricamente alejado de la profesión práctica.
El reto está en cambiar el paradigma de la formación teórica intangible e incluir
la formación práctica y la modificación conforme a esta en los programas de
formación jurídica. Se requiere que las facultades de derecho se preocupen
por enseñar y formar de conformidad con las necesidades prácticas y las
habilidades y conocimientos requeridos no solo de forma tradicional; sino
también de conformidad con las destrezas y competencias que exige el
mercado contemporáneo de servicios jurídicos. Adicionalmente, por el mismo
motivo, el abogado de hoy en su ejercicio debe permanecer en constante
formación y desarrollo profesional para mantenerse en la realidad que amerita
el ejercicio.
Con relación de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, el reto
del profesional del derecho se derivará del resultado de la participación de
personas no formadas en asuntos técnicos. Por un lado, se puede presentar la
masificación del mensaje erróneo desde el intrusismo profesional, generando
como consecuencia la posible tergiversación del mensaje debido y la negación
moral de la importancia del conocimiento técnico en el ejercicio de la abogacía.
Por otro lado, el populismo de las materias de derecho, que genera a su vez
consecuencias tóxicas al sistema y por tanto, resultados contrarios o
tergiversados a las que son técnicamente justificables.
Finalmente, en las situaciones de crisis política, económica e institucional en la
que estamos acostumbrados a desenvolvernos, es necesario que el abogado
ejerza el rol de su tarea social. Es que, la abogacía conlleva necesariamente el
ejercicio de una función social. Desde el conocimiento técnico, es deber asumir
el rol de defensor de valores, principios y derechos tan importantes como el de
democracia, la libertad, la seguridad y la dignidad. En el conjunto social, desde
el conocimiento de la labor del profesional del derecho en la medida en que
defiende intereses, soluciona problemas y presenta irregularidades, trasciende
a la consolidación del Estado. Esto así porque en la medida en que ejerce, de
hacerlo apegado a las condiciones de la profesión, construye el Estado de
Derecho y las implicaciones que de ello devienen. En una próxima oportunidad
abordaré las habilidades necesarias para enfrentar estos retos y las cualidades
morales y éticas que permiten alcanzar este objetivo.







