SANTIAGO.- El Gobierno dominicano presentó las grandes obras de infraestructura que desarrolla en distintas regiones como parte de una estrategia para generar empleos fuera de Santo Domingo y crear condiciones que permitan a las comunidades desarrollar sus propias actividades productivas.
El presidente Luis Abinader sostuvo que el objetivo es promover un modelo de crecimiento menos concentrado en la capital, mediante inversiones capaces de fortalecer las economías locales y generar oportunidades laborales en los mismos territorios donde viven los ciudadanos.
Santiago constituye uno de los principales ejemplos de esa política. La construcción del monorriel había generado 2,917 empleos directos, al tiempo que las autoridades desarrollaban programas de capacitación para preparar trabajadores que posteriormente pudieran integrarse a la nueva actividad ferroviaria.
La formación técnica se apoyaba en una alianza con la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), orientada a preparar jóvenes de la provincia para desempeñarse en áreas vinculadas con la operación del sistema. De esta manera, la obra no solo representaba una intervención de movilidad urbana, sino también una fuente de especialización laboral.
Eduardo Estrella, ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, situó la autopista del Ámbar entre los proyectos con mayor potencial para transformar la conexión entre Santiago y Puerto Plata. La obra había sido proyectada para generar unos 2,000 empleos directos y 4,800 indirectos durante su ejecución.
El inicio de los trabajos dependía de la conclusión del estudio de impacto ambiental y de las vistas públicas a cargo del Ministerio de Medio Ambiente. Una vez completados esos procesos, la construcción sería desplegada desde los dos extremos de la vía y posteriormente incorporaría un frente adicional en la zona central, donde se ejecutaría un túnel considerado el punto crítico del proyecto.
La apuesta oficial, sin embargo, no se limitaba al Cibao. En la Línea Noroeste, el desarrollo del puerto multimodal de Manzanillo había sido vinculado con proyectos industriales y energéticos, además de iniciativas turísticas destinadas a reactivar una zona que durante años había presentado menores niveles de actividad económica.
En el este, el crecimiento de Miches había aumentado la demanda de trabajadores vinculados al sector hotelero y había ampliado las oportunidades para los municipios cercanos. Las mejoras en la carretera El Seibo-Miches formaban parte de las inversiones destinadas a acompañar ese proceso de expansión.
También se habían identificado oportunidades en Samaná, particularmente en Las Terrenas, Arroyo Barril, Sánchez y el municipio cabecera, donde el desarrollo turístico e inmobiliario había sido planteado como una vía para ampliar las fuentes de empleo y dinamizar las economías locales.
Dentro de Santiago, las autoridades habían vinculado además las nuevas soluciones de transporte con la reducción de los costos y tiempos de desplazamiento de los trabajadores. La planificación del sistema permitiría conectar sectores como Pekín con áreas de zonas francas en recorridos estimados de unos 15 minutos.
La visión expuesta durante “LA Agenda”, realizada en Santiago, partía de una premisa central: que el crecimiento económico no dependa exclusivamente de la concentración de actividades en Santo Domingo. Bajo ese enfoque, las carreteras, sistemas de transporte, puertos y proyectos turísticos son presentados como instrumentos para crear polos productivos capaces de sostener empleos y servicios en sus propias regiones.
El Gobierno planteó así la descentralización como una política de largo alcance, con inversiones distribuidas entre el Cibao, el este, el sur y la Línea Noroeste. La meta declarada es que el desarrollo económico genere oportunidades más próximas a las comunidades y reduzca la necesidad de trasladarse a la capital en busca de empleo.








