
Hace justamente dos años, en agosto de 2024, escribí en este mismo espacio un comentario que, bajo el título de “una ciudad en caos”, refería el gran desorden que visualiza la maraña de alambres colgados por toda la ciudad, entre postes del tendido eléctrico.
Pero peor, refería en aquella columna sobre las diligencias que hice directamente: con el Ayuntamiento del DN, que dijo no era de su competencia; con la CDE, que culpó a las telefónicas; y en la empresa Claro que me dijeron que era una ‘falta’ de los contratistas externos que trabajan en el cableado. Determiné, entonces, la compartida irresponsabilidad pública, abusiva y desafiante de autoridades y empresas privadas sobre el tema.
Hoy, tras años de un problema que nos golpea y que se agrava a diario, veo una ‘luz al final túnel’ con el anuncio de Indotel, la Alcaldía del Distrito Nacional y el sector eléctrico público, sobre un proyecto de retiro y la reorganización de unos 300 kilómetros de cableado aéreo ‘abandonado’ en Santo Domingo. No vi a las telefónicas en el escenario.
El proyecto, que comenzó en el sector Bella Vista y que se extenderá por Naco, Piantini, Zona Colonial, San Carlos, Cristo Rey, 24 de Abril y el Ensanche Luperón, en su primera fase, se estima ejecutar en unos 100 días, con un presupuesto de $100 millones de pesos, de los cuales Indotel aportó $50 millones, Edesur y Edeste $25 millones cada uno. Las telefónicas y el Ayuntamiento, nada.
El objetivo es reducir la contaminación visual, mejorar la seguridad de los ciudadanos y ordenar la infraestructura urbana.
Ojalá se realice, finalmente.







