
Con todo y que algunas encuestas dan como amplio favorito para ganar la convención del PRM al ministro de Turismo, David Collado, el alud de adhesiones, sobre todo de viejos robles, al proyecto que lidera la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, proyecta una cerrada batalla entre ambos precandidatos. Todavía falta alrededor de un año para el 3 de octubre de 2027, fecha pautada para elegir al candidato presidencial para las elecciones de 2028, el trayecto se acortará con el pulso que libran los contendientes que por ahora parecen mejor posicionados ante la población.
Carolina y Collado tienen muchos elementos en común, entre los que destacan la eficiencia con que han desempeñado sus labores y la procedencia social. Sin cola que les pisen y con la buena imagen que tienen, cualquiera de los dos tendría amplias probabilidades de ceñirse la banda presidencial en las elecciones de 2028. A simple vista parece que el elemento determinante para ganar la nominación es la relación que como funcionarios han cultivado con la militancia del partido.
Por reñida que pueda resultar la contienda no se vislumbran signos de fractura ni de caos en la convención. La oposición, con su apuesta a la división del PRM, no se ha percatado que afila cuchillo para su garganta. Porque basta con que Collado y Carolina sellen un pacto por la unidad y de respeto a los resultados de la convención para espantar cualquier fantasma. E incluso que puedan convertirse en compañeros de fórmula. Si bien la cúpula del PRM ha descartado una eventual fractura después del proceso, hay otra realidad y es que por su peso los partidos están, como se ha visto, por encima de los liderazgos políticos. Si en última instancia alguien decide marcharse inconforme con los resultados, puede darse por descontado que lo hará con lo que llevó a la organización.
Que dos antiguos aliados como Carolina y Collado rivalicen hoy por la nominación presidencial no es síntoma de crisis interna. Tras la conquista del poder en 2020, el PRM, con todo y que la coyuntura actual sea muy diferente, ha acumulado la suficiente experiencia como para no dejarse arrastrar por confrontaciones que por lo regular ocultan intereses no necesariamente ideológicos. Luis Abinader, que simboliza la misma imagen de los dos precandidatos, alcanzó la presidencia de la nación catapultado por una ola de cambios frente a los escándalos de corrupción, la impunidad y la prepotencia del poder de turno. Por supuesto, gracias a su gestión Abinader se convirtió en un líder político con luz propia.
Carolina y Collado cuentan cada uno con su propia estructura interna. La de la alcaldesa la coordina el presidente del Senado, Ricardo de los Santos, un político que ha demostrado muchas habilidades en la cultura política del país; en tanto que el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, es el responsable de la campaña del titular de Turismo. Es obvio que la labor de ambos coordinadores no es hacia afuera del PRM, sino hacia adentro.
Las encuestas que se han publicado hasta ahora otorgan una considerable ventaja a Collado en la preferencia como precandidato presidencial dentro y fuera del PRM. Pero con el tiempo que falta para la convención y con los apoyos de connotados dirigentes a las aspiraciones de Carolina no se sabe si con algunas de las encuestas se procura, más que retratar el momento, condicionar a la opinión pública en torno al proceso. En el pulso habrá que dar más tiempo al tiempo sobre el desarrollo de los acontecimientos en el perremeísmo. Pero al posicionarse los dos como presidenciables se han convertido en una fórmula de poder para el PRM, sin descartar a figuras como la vicepresidenta Raquel Peña.








