La administración del presidente estadounidense Donald Trump reanudó esta semana los vuelos de deportación de inmigrantes hacia países distintos al de su nacionalidad, como parte de su política migratoria de línea dura. El primer vuelo bajo esta modalidad aterrizó en Esuatini, África, con cinco deportados originarios de Vietnam, Jamaica, Laos, Yemen y Cuba, a quienes las autoridades calificaron como «altamente peligrosos», por cargos que incluyen asesinato, robo y agresión.
Esta decisión se produce luego de que la Corte Suprema de EE.UU. anulara una orden que impedía la deportación de ocho inmigrantes a Sudán del Sur, entre ellos dos cubanos y un mexicano. Estos fueron enviados a dicho país tras permanecer detenidos durante semanas en una base militar en Yibuti. El alto tribunal respaldó el plan de Trump, dándole luz verde para retomar estas deportaciones a terceros países.
Grupos defensores de los derechos humanos han condenado la medida, señalando que viola el principio del debido proceso y expone a los migrantes a entornos donde podrían enfrentar riesgos graves. Desde su regreso a la presidencia en enero, Trump ha intensificado las deportaciones a países como El Salvador, Sudán y ahora Esuatini, en cumplimiento de sus promesas de campaña de restringir la inmigración.








