La crisis energética que afecta a Cuba desde hace más de dos años volvió a escalar este sábado con una avería en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) que dejó sin servicio a unos 4.5 millones de personas, casi la mitad de la población de la isla. El incidente se produjo en un momento en que el país ya enfrentaba una de las jornadas con mayor déficit de generación eléctrica previstas en los últimos meses.
La interrupción del suministro se originó tras una desconexión parcial de la red que afectó el tramo comprendido entre Pinar del Río, en el extremo occidental del país, y las provincias de Matanzas y Cienfuegos, en la región central. La estatal Unión Eléctrica (UNE) informó que activó los protocolos de respuesta mientras especialistas investigan las causas de la falla y trabajan en la recuperación progresiva del servicio.
El apagón ocurrió en medio de un panorama de generación extremadamente limitado. Para este sábado, la UNE había advertido que la demanda nacional alcanzaría unos 3,200 megavatios, mientras la capacidad disponible apenas rondaría los 1,080 megavatios. Esa diferencia obligaba a programar cortes de electricidad que podrían afectar simultáneamente hasta el 67 % del territorio durante las horas de mayor consumo.
El deterioro de la infraestructura energética continúa siendo uno de los principales obstáculos para estabilizar el suministro. Diez de las 16 unidades termoeléctricas permanecen fuera de operación por averías o trabajos de mantenimiento, reduciendo significativamente la capacidad del sistema. A esto se suma la limitada disponibilidad de combustible para los grupos electrógenos que funcionan con diésel y fueloil importados, mientras el resto de la generación depende del gas natural y de fuentes renovables, principalmente la energía solar.
La emergencia refleja una crisis estructural que se ha profundizado desde mediados de 2024. Expertos atribuyen el deterioro a décadas de escasa inversión en el sistema eléctrico, mientras las autoridades cubanas también responsabilizan al bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos de dificultar la adquisición de combustibles para sostener la generación.
Las consecuencias se sienten diariamente en la vida de la población. En numerosas localidades, especialmente fuera de La Habana, los cortes de electricidad superan las 20 horas consecutivas y en algunas provincias llegan a extenderse por más de 40 horas, afectando la actividad económica, los servicios públicos, el comercio y las condiciones de vida de millones de personas.
La situación alcanzó nuevos niveles de tensión durante julio, cuando Cuba registró tres apagones nacionales en una sola semana y un récord de afectación que dejó desconectado hasta el 74 % del país en una jornada. Aunque las autoridades mantienen labores para estabilizar el SEN, el escenario continúa siendo crítico y evidencia los desafíos que enfrenta la isla para recuperar la confiabilidad de su sistema energético.








