Katmandú.- Nepal enfrenta una de sus emergencias más graves de los últimos días después de que una súbita crecida del río Bhote Koshi arrasara comunidades e infraestructura en el norte del país y dejara, de manera provisional, al menos 98 muertos y cerca de 900 personas desaparecidas entre Nepal y la región tibetana de China.
La magnitud de la emergencia llevó al Gobierno nepalí a declarar durante tres meses como zona de desastre los territorios afectados y ordenar la movilización de helicópteros, equipos de rescate y recursos médicos. Hasta el último balance oficial, 80 personas habían sido rescatadas por tierra y otras 116 mediante operaciones aéreas.
El episodio comenzó alrededor de las 9:15 de la mañana, hora local, cuando una enorme masa de agua alcanzó el Bhote Koshi procedente de la zona tibetana y golpeó con especial intensidad localidades como Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi. La corriente destruyó viviendas, puentes y otras estructuras, mientras imágenes de cámaras de seguridad registraron el rápido avance del agua.
Entre las personas cuyo paradero aún no ha sido establecido se encuentran 484 turistas registrados en Nepal, incluidos 391 extranjeros y 93 nepalíes. También permanecen sin contacto decenas de miembros del Ejército, la Policía, la Fuerza Armada de Policía y trabajadores vinculados a proyectos hidroeléctricos. Del lado chino, las autoridades reportaron 265 desaparecidos y tres fallecidos en el condado tibetano de Gyirong.
El daño a la infraestructura añade otra dimensión a la crisis. Al menos 80 puentes, incluidos 35 vehiculares y 45 peatonales colgantes, fueron destruidos. La riada también provocó graves daños en las instalaciones del proyecto hidroeléctrico Langtang Khola, que se encontraba próximo a iniciar sus pruebas de funcionamiento.
El origen exacto del fenómeno todavía está bajo investigación. Una de las primeras hipótesis apuntó a la posible ruptura o desbordamiento de un lago glaciar en el Tíbet; sin embargo, funcionarios nepalíes también vincularon provisionalmente la emergencia con un terremoto de magnitud 4,4 registrado poco antes de la inundación. El planteamiento es que el movimiento sísmico pudo generar un deslizamiento de tierra que bloqueó temporalmente el cauce y desencadenó posteriormente la crecida.
La respuesta oficial incluye el traslado de heridos y personas atrapadas hacia lugares seguros, atención médica gratuita, alojamiento y alimentos para quienes perdieron sus viviendas, además de ayuda económica inmediata para las familias de los fallecidos. Las autoridades también trabajan para recuperar carreteras, restablecer agua potable, electricidad y telecomunicaciones y comenzar la reparación de las infraestructuras destruidas.
La dimensión internacional de la tragedia ha provocado ofrecimientos de asistencia. La Unión Europea activó el sistema satelital Copernicus para ayudar a identificar y cartografiar las áreas afectadas, mientras gobiernos de India, Reino Unido y Estados Unidos expresaron disposición para respaldar las labores de emergencia. La Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, por su parte, liberó más de un millón de euros en fondos de emergencia destinados a apoyar a la Cruz Roja de Nepal.
Mientras continúan las operaciones en esta zona montañosa próxima a la frontera con China, el principal desafío sigue siendo localizar a las personas que permanecen sin contacto y acceder a comunidades que quedaron aisladas por la destrucción de carreteras y puentes. El balance podría cambiar conforme los equipos logren entrar en las áreas más afectadas y avanzar en la identificación de víctimas.








