
El gobierno dominicano ha dado una demostración de su control de la seguridad interna al frenar y disponer consecuencias, sin vacilación, a las pretensiones de los agentes cubanos que acosaron, persiguieron y hasta habrían intentado secuestrar a atletas de Cuba que vinieron al país a participar, en buena lid y cargados de entusiasmo, en el festival deportivo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Los agentes cubanos violentaron la soberanía y la acogida que les ha dado la República Dominicana, pretendiendo impedir, a la mala, violencia incluida, cualquier decisión que de cara a sus expectativas de futuro, decidiera cualquiera de esos jóvenes atletas.
Creo que el Gobierno debió dar alguna información sobre el motivo de la expulsión del país de un grupo de esos agentes de inteligencia -amparados en documentos diplomáticos- del gobierno cubano.
El gobierno dominicano fue tan decente que no citó, en el documento de prensa sobre la expulsión, la peligrosa grosería en que habrían incurrido los agentes cubanos en suelo dominicano, y se limitó a informar la expulsión indicando que “…el gobierno dominicano solicitó formalmente a la Embajada de Cuba en el país el retiro de nueve miembros de su misión diplomática y sus familiares, concediendo un plazo de siete días para tales fines”.
La dictadura cubana reaccionó con la prepotencia con que acostumbra, aunque fue sorprendido infraganti, acusando al Estado dominicano de ceder a los mandatos del imperio.
La democracia dominicana dio cátedra de prudencia, de buena vecindad, pero con la firmeza de un Estado que se respeta y que no puede aceptar ni ‘dejar pasar’ una acción inaceptable, al puro estilo de los gangsters y/o de los espías de la guerra fría.







