Las condiciones de higiene y mantenimiento en algunos hospitales públicos del país generan preocupación entre usuarios y visitantes. En centros de referencia como el hospital general Moscoso Puello y el infantil Robert Reid Cabral se observan pasillos sucios, baños con moho y basura acumulada, puertas y lavamanos dañados, ascensores fuera de servicio y plafones oxidados o desprendidos, siendo más notorias estas deficiencias en el primero. Esta realidad contrasta con el objetivo principal de estos espacios, que es preservar y restablecer la salud de la población.
Además del deterioro físico, llama la atención la normalización de estas condiciones tanto por parte de pacientes como de personal operativo, quienes en muchos casos consideran la situación “aceptable”. En áreas externas y traseras también se evidencia descuido, con acumulación de desechos y materiales abandonados. En el Moscoso Puello, que recibe más de 400 pacientes diarios y ofrece más de 20 especialidades, esta situación impacta directamente en la imagen y funcionalidad de un centro que maneja casos complejos de tercer nivel.
Tanto el Moscoso Puello como el Robert Reid Cabral pertenecen a la categoría de hospitales de tercer nivel, destinados a la atención de casos críticos y a la prestación de servicios especializados de alta tecnología. Estos centros deben contar con estrictos estándares de higiene y mantenimiento por la complejidad de los procedimientos que realizan, por lo que las condiciones observadas plantean un reto urgente para las autoridades de salud en materia de supervisión, saneamiento y mejora continua de las instalaciones.








