Juan THOpinión

Democracia, Ignorancia y Desinformación

por JUAN TH

Como he dicho muchas veces, no me gusta la democracia representativa que surgió durante la revolución francesa de 1789. No creo en ella, porque en todos esos años, incluso mucho antes, cuando el filósofo griego Aristóteles la definió, no ha resuelto uno solo de los problemas de la humanidad. Al contrario, los ha agravado, produciendo los mayores crímenes y saqueos en todo el planeta, desde Asia, África hasta América, aniquilando y esclavizando a millones de seres humanos en nombre de la religión – que sigue siendo el opio de los pueblos-, de la justicia, la libertad y la propia democracia. 

 La democracia, que le da derechos a todos los ciudadanos, al mismo tiempo se los quita, incluyendo los derechos fundamentales, consagrados en la Declaración de los Derechos Humanos y en casi todas las constituciones del mundo. Si se respetaran realmente estos derechos, no existiría la explotación del hombre por el hombre mismo, ni la pobreza y la marginalidad que afectan a cientos de miles de millones de personas. 

Hablo, probablemente, de tiempos lejanos, pero yo, “olvido, pero no perdono”. La mal llamada democracia ahora, con el surgimiento de Internet, el móvil o celular -que ha desplazado la televisión, el cine, el teléfono de los hogares, las oficinas públicas y privadas, de las calles- para darle paso a las redes sociales y las plataformas digitales, que aportan “contenido a lo que no tiene contenido” (comida chatarra para el cerebro de los descerebrados) por individuos sin educación ni cultura, en su mayoría. Promueven los más bajos instintos de la población de escasa educación, embruteciéndolos y enajenándolos, quitándoles la capacidad de pensar y ver su entorno de manera crítica para descubrir la verdad de su pobre y patética realidad social. 

 El doctor Guido Gómez Mazara ha dicho que casi el 70% de las informaciones que se difunden en las redes son falsas, y que más del 70% de los usuarios reproduce esos contenidos. Estamos pues, ante una población, culturalmente muy baja, pobre y marginalmente educada, sin capacidad para discernir entre una mentira y un engaño, mucho menos ahora con el uso, muchas veces perverso, de la inteligencia artificial (IA). La IA no permite distinguir una mentira de una verdad, una imagen falsa de una verdadera, o la voz del presidente Luis Abinader de la de un impostor que lo imita a la perfección. 

La IA representa un peligro para la humanidad. El famoso físico cosmólogo inglés, ya fallecido, Stephen Hawking, llegó a decir que no solo la IA era un error de la humanidad, sino que probablemente sería el último. ¡Y le creo! La IA, la robótica, junto con los últimos avances exponenciales de la física cuántica, amenazan la humanidad, si antes no la destruyen una guerra nuclear entre potencias, un meteorito gigantesco u cualquier otro desastre natural fruto del cambio climático. 

Hace unos días, El Instituto Nacional Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL) y la Universidad Iberoamericana (UNIBE) organizaron una actividad magistral que lamento no se haya grabado, con los intelectuales como el doctor Andrés, L. Mateo, la doctora Rosario Espinal y el periodista y autor español, Ignacio Ramonet, quien ha obtenido varios doctorados “Honoris Causa” en distintas universidades. Ramonet, brillante, lúcido, tiene un gran dominio del tema de las comunicaciones.  

Todos los participantes citaron al famoso escritor coreano, Byung-Chul Han, autor de libros muy importantes que todos debemos leer como La Infocracia y la Sociedad del Cansancio, que tuvo a bien regalarme el brillante Joven Darian Vargas. 

Se permitieron cinco preguntas; yo hice la primera:

“Qué pasará con la humanidad en un futuro no tan lejano, considerando el avance vertiginoso de la Inteligencia Artificial, la robótica, la física cuántica, etc.?

Hoy el planeta tiene más de 8 mil millones de habitantes. La calidad de vida y el envejecimiento o longevidad aumentan cada vez más. Millones de personas pierden sus empleos cada año. Las principales profesiones están desapareciendo o siendo reemplazadas por maquinas. Las máquinas desplazan a los trabajadores. El crecimiento de las máquinas es exponencial. Las maquinas se reparan a sí mismas, no piden regalías, cesantías, no paren, no les da la menstruación, no reclaman vacaciones para irse a un resort, ni tienen familia. ¿Hacia dónde vamos en 50, 100 o 200 años? ¡No lo sabemos en realidad! 

 La respuesta de Ramonet fue filosófica. No creo que tuviera una respuesta esperanzadora, ni satisfactoria. 

Artículos Relacionados

Botón volver arriba
error: Este contenido esta protegido !!