Cinco personas murieron este jueves en Sebastopol, Crimea, después de que un proyectil explotara mientras especialistas realizaban labores de inspección y desactivación de artefactos tras un ataque ucraniano, según informaron las autoridades instaladas por Rusia en la península.
Entre las víctimas figuran cuatro zapadores del Ministerio de Emergencias y un guardia de seguridad. El gobernador de Sebastopol, Mijaíl Razvozháev, indicó que el grupo trabajaba en la limpieza de un terreno cuando se produjo la detonación, aunque no precisó la naturaleza exacta del artefacto.
El incidente se produjo en una jornada marcada además por daños en el suministro eléctrico de Sebastopol. Razvozháev había informado previamente de interrupciones temporales provocadas, según las autoridades locales, por ataques contra infraestructura energética. Parte del servicio fue restablecido posteriormente, mientras se pidió a la población reducir el consumo para evitar sobrecargar la red.
La actividad militar también se extendió a Bashkiria, una región situada a unos 1.200 kilómetros al este de Moscú. Su gobernador, Radi Jabirov, informó que un ataque con drones provocó un incendio en una zona industrial de Salavat y dejó al menos dos personas heridas, que fueron trasladadas a centros médicos.
Según las autoridades regionales, 21 drones se dirigían hacia Salavat y 16 fueron derribados por las defensas antiaéreas. Otros aparatos habrían tenido como objetivo instalaciones vinculadas a la empresa de comercio electrónico Wildberries en Ufá, donde también se reportó un incendio y la evacuación de trabajadores.
Canales ucranianos y medios rusos independientes señalaron que uno de los posibles objetivos en Salavat sería una refinería perteneciente al gigante energético Gazprom. Esa versión no fue confirmada oficialmente por las autoridades rusas, aunque el complejo ya había sufrido interrupciones operativas tras un ataque registrado en julio.
La dimensión del ataque fue presentada por el Ministerio de Defensa ruso como una operación de gran escala. Según esa institución, los sistemas de defensa aérea derribaron 362 drones durante la noche en 17 regiones de Rusia y en Crimea, aunque las autoridades ucranianas no han asumido públicamente la responsabilidad por todos los ataques reportados.
A la sucesión de incidentes se sumó una información difundida por canales rusos de Telegram sobre la muerte de otro hombre en Sebastopol por la explosión de un artefacto colocado en un banco de un parque. Las autoridades no habían confirmado ese caso al momento de los reportes. Algunos canales identificaron a la víctima como un antiguo oficial de la Armada rusa relacionado con el submarino Zaporiyia, aunque esa información tampoco ha sido corroborada oficialmente.
Los ataques han tenido además repercusiones sobre la infraestructura energética y el abastecimiento de combustible en distintas zonas de Rusia. Medios independientes han reportado nuevos problemas de suministro y largas filas en estaciones de servicio, en un contexto en el que Moscú ha recurrido a importaciones de gasolina procedentes de India para compensar las afectaciones provocadas por los ataques contra instalaciones energéticas.
El episodio de Sebastopol evidencia, al mismo tiempo, uno de los riesgos que acompañan la creciente frecuencia de los ataques sobre territorios bajo control ruso: no solo las instalaciones militares o energéticas quedan expuestas, sino también las labores posteriores de limpieza y recuperación, donde los artefactos sin detonar representan un peligro adicional para los equipos encargados de retirarlos.








