La Línea 1 del Metro de Santo Domingo, inaugurada en 2009 con una inversión de 699 millones de dólares, atraviesa un marcado deterioro que incluye óxido, filtraciones, basura acumulada y ascensores fuera de servicio. Las estaciones en superficie como Gregorio Luperón, Mamá Tingó y Gregorio Urbano Gilbert son las más afectadas, con techos y paredes cubiertos de excremento de palomas, estructuras corroídas y fallos mecánicos que generan mal olor y preocupación por la seguridad.
De acuerdo con datos de la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (Opret), el mantenimiento operativo del Metro requiere más de 2,600 millones de pesos al año; sin embargo, estaciones como Joaquín Balaguer, Los Taínos y Francisco Alberto Caamaño presentan fallas persistentes, incluyendo 21 ascensores y dos escaleras eléctricas fuera de servicio. Incluso en paradas subterráneas, como Pedro Livio Cedeño y Peña Batlle, se observan filtraciones, grietas y equipos inoperativos.
Mientras la Línea 2 mantiene un estado general más favorable, algunas de sus estaciones, como Eduardo Brito y Ercilia Pepín, muestran signos de corrosión y humedad. Pese a que en varias paradas el servicio se conserva en buen estado, el deterioro acumulado en la Línea 1 plantea un reto urgente para garantizar la seguridad, higiene y operatividad del principal sistema de transporte masivo de la capital.








