La crisis humanitaria se intensifica en la Franja de Gaza, donde Hamás acusa a Israel de atacar hospitales, y las autoridades israelíes señalan al movimiento palestino por utilizar estos lugares como refugio. La situación es crítica, con hospitales abrumados, riesgos de cólera y una marcada falta de agua y combustible, resultado de los bombardeos y el asedio israelí tras el ataque de Hamás el 7 de octubre.
Los hospitales, incluido el Al Shifa, el más grande en la región, están siendo evacuados. Otros, como el indonesio y el Ahli Arab, también solicitan ayuda de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evacuaciones. La OMS elabora un plan para evacuar pacientes y personal médico, destacando que la prioridad es mantener los hospitales como lugares seguros para la población.
La falta de combustible afecta el transporte de ayuda y el funcionamiento de generadores y sistemas de saneamiento, y menos de la mitad de los hospitales y clínicas operan según la OMS. Los riesgos sanitarios aumentan con miles de heridos y enfermos, y se informa de un fuerte aumento de enfermedades como la diarrea e infecciones respiratorias. Cerca de 900,000 personas desplazadas enfrentan condiciones difíciles en refugios administrados por la UNRWA.
La escasez de agua es crítica, con habitantes que apenas tienen acceso a tres litros diarios en algunas zonas. Aunque no hay indicios de cólera, la diarrea acuosa afecta a miles, poniendo en peligro a pacientes con enfermedades graves, como cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes.
Se ha acordado permitir la entrada diaria de 70,000 litros de combustible, pero se destaca que se necesitan 200,000 litros. Israel no limitará el número de camiones que transportan ayuda humanitaria desde Egipto a través del puesto fronterizo de Rafah, la única salida no controlada por Israel. La inflación en Gaza aumentó un 12% desde octubre, y ninguna panadería funciona en el norte debido a la destrucción de infraestructuras y la escasez de agua y energía.








