La confesión de Patricia Ripley, acusada de la muerte por ahogamiento de su hijo Alejandro Ripley, podrá ser utilizada por la Fiscalía durante el juicio, luego de que una jueza de Miami-Dade rechazara el intento de la defensa de excluir esa evidencia.
La decisión de la jueza de circuito Marisa Tinkler Mendez se produjo tras el análisis de las grabaciones del interrogatorio al que fue sometida Ripley después de denunciar inicialmente la desaparición del niño. El tribunal concluyó que la mujer comprendía sus derechos y decidió hablar con los investigadores de manera consciente y voluntaria.
El caso se remonta al 21 de mayo de 2020, cuando Alejandro, de nueve años, fue reportado como secuestrado en el área de West Kendall. Ripley afirmó entonces que dos hombres negros la habían obligado a salir de la carretera cerca de un establecimiento de Home Depot y se habían llevado al menor, lo que llevó a las autoridades a activar una alerta Amber.
La versión comenzó a perder fuerza cuando los investigadores no encontraron testigos que respaldaran el supuesto secuestro y el cuerpo del niño apareció al día siguiente en un canal cercano al Miccosukee Golf & Country Club, a varios kilómetros del lugar señalado por su madre.
Las autoridades sostienen que las imágenes de una cámara de vigilancia mostraron a Ripley empujando al menor hacia el agua. Un primer episodio habría terminado después de que una persona que se encontraba en las proximidades interviniera y sacara al niño, pero los fiscales aseguran que posteriormente ocurrió un segundo intento que terminó con la muerte de Alejandro.
Durante el interrogatorio, Ripley terminó reconociendo que había creado la historia del secuestro y que había llevado a su hijo hasta el canal. La Fiscalía sostiene que en medio de su declaración llegó a expresar que el menor estaría “en un lugar mejor”.
La defensa intentó impedir que esas declaraciones fueran escuchadas por el jurado alegando que Ripley llevaba aproximadamente 30 horas sin dormir y que los detectives ejercieron presión durante el interrogatorio, incluso recurriendo a sus creencias religiosas. La jueza, sin embargo, consideró que las grabaciones no mostraban signos de agotamiento físico o mental que invalidaran la declaración ni evidenciaban coerción por parte de los investigadores.
El tribunal también valoró que Ripley padecía insomnio desde años antes y que, según la evidencia revisada, estaba acostumbrada a desenvolverse con pocas horas de descanso debido, entre otros factores, al cuidado de su hijo.
Alejandro padecía autismo severo, no hablaba y recibía atención educativa especializada en Greater Heights Academy, además de tutorías en su residencia. Los fiscales han planteado que las exigencias asociadas a su cuidado pudieron representar una carga importante para Ripley, aunque será el proceso judicial el que determine el peso de esos elementos dentro del caso.
Ripley, de 51 años, es psicóloga y posee una maestría. La Fiscalía ha utilizado también su formación profesional para sostener que tenía capacidad para comprender sus derechos al momento de ser interrogada. De ser declarada culpable del asesinato, enfrenta la posibilidad de una condena a muerte.
La próxima audiencia está prevista para el 8 de septiembre, mientras el fallo sobre la admisibilidad de la confesión despeja uno de los principales obstáculos probatorios planteados por la defensa antes del juicio.








