WASHINGTON.- La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil representa un obstáculo para la estrategia del presidente estadounidense Donald Trump de ampliar su influencia en Latinoamérica mediante alianzas con gobiernos afines, especialmente después de que varios países de la región experimentaran un giro político hacia la derecha.
Lula se impuso con cerca del 52 % de los votos a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en una segunda vuelta que marcó una remontada electoral inédita: según el balance presentado en el reporte, es el primer candidato que gana el balotaje brasileño después de haber quedado en segundo lugar en la primera ronda.
El resultado impide que Washington incorpore a Brasil, la mayor economía de América Latina, al bloque de gobiernos alineados con la agenda de Trump. El desenlace también obliga a la Casa Blanca a mantener relaciones con una administración que ha cuestionado abiertamente algunas de sus iniciativas regionales.
La derrota de Flávio Bolsonaro se produce en un momento en que Trump busca consolidar una política exterior que reivindica la primacía estadounidense en el continente, inspirada en una reinterpretación de la Doctrina Monroe. Su estrategia incluye cooperación en materia de seguridad y combate al narcotráfico, además de medidas dirigidas a contrarrestar la influencia de China.
Una red regional que no logró incorporar a Brasil
Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha contado con aliados como Javier Milei, en Argentina; Nayib Bukele, en El Salvador, y Daniel Noboa, en Ecuador. A ese grupo se sumaron otros gobiernos y fuerzas políticas conservadoras, en un contexto de cambios electorales en distintos países latinoamericanos.
La victoria de Lula mantiene a Brasil fuera de ese espacio de afinidad política y refuerza su papel como contrapeso regional, junto con México, gobernado por Claudia Sheinbaum. Para Washington, la relación con ambos países seguirá marcada por diferencias sobre seguridad, soberanía y orientación económica.
Uno de los principales instrumentos de la política regional estadounidense es el denominado Escudo de las Américas, una alianza contra el narcotráfico a la que Flávio Bolsonaro había prometido incorporarse si llegaba a la Presidencia brasileña.
La competencia con China también ocupa un lugar central en los planes de Washington. Sin embargo, incluso una eventual victoria de Flávio no habría garantizado una transformación profunda de los vínculos comerciales de Brasil con Pekín, debido al peso del sector agroindustrial brasileño y su dependencia del mercado chino.
Trump evitó respaldar públicamente al candidato brasileño
Pese a la importancia estratégica de la elección, Trump no expresó un respaldo público directo a Flávio Bolsonaro, como sí había hecho con otras figuras políticas de la región. No obstante, la relación entre Washington y el entorno bolsonarista se manifestó mediante contactos diplomáticos y decisiones de política exterior.
El propio Lula afirmó durante su discurso de victoria que el resultado demostraba que Brasil no aceptaba ser “el patio trasero de nadie”, en referencia a la histórica disputa sobre la influencia estadounidense en América Latina.
Benjamin Gedan, director del Programa para Latinoamérica del centro de estudios Stimson, consideró que un triunfo de Flávio habría significado una alineación estrecha con Trump en asuntos de seguridad y en la llamada batalla cultural. El experto señaló, además, que un respaldo demasiado explícito del mandatario estadounidense podría haber perjudicado al candidato brasileño.
Aranceles y decisiones de seguridad marcaron la relación
La administración Trump ya había adoptado medidas que elevaron las tensiones con el Gobierno de Lula. Entre ellas figuran aranceles elevados a productos brasileños, anunciados en respuesta al proceso judicial contra Jair Bolsonaro, condenado por tentativa de golpe de Estado.
En mayo de 2026, Trump recibió en la Casa Blanca a Flávio Bolsonaro, entonces aspirante presidencial, en una reunión poco habitual para alguien que no ocupaba la jefatura de Estado.
Durante ese encuentro, el senador pidió que Washington designara como organizaciones terroristas al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho. Estados Unidos accedió posteriormente a esa solicitud, una decisión a la que se oponía el Gobierno brasileño por considerar que podía facilitar intervenciones estadounidenses en asuntos internos.
La relación bilateral también se vio afectada por una investigación comercial estadounidense contra Brasil por presuntas prácticas desleales, la revocación del visado de la embajadora brasileña y la suspensión de servicios consulares dos días antes de la primera vuelta electoral, medidas justificadas por Washington por motivos de seguridad.
Expertos cuestionan la sostenibilidad del intervencionismo ideológico
El resultado brasileño vuelve a poner sobre la mesa los riesgos de construir alianzas regionales principalmente a partir de afinidades ideológicas, en una región donde las alternancias políticas pueden modificar las relaciones entre gobiernos.
Oliver Stuenkel, investigador del centro Carnegie, sostuvo que el intervencionismo ideológico de la administración Trump podría resultar contraproducente y fortalecer, a medio y largo plazo, a sectores contrarios a Estados Unidos.
La continuidad de Lula en el poder deja a Washington ante el desafío de negociar con una de las principales economías latinoamericanas sin contar con la afinidad política que habría ofrecido un gobierno de Flávio Bolsonaro. También evidencia que la expansión de alianzas conservadoras en la región no garantiza que todos los países estratégicos se incorporen al proyecto estadounidense.








