Dos décadas después de redefinir el cine de zombis con 28 Days Later, el director Danny Boyle y el guionista Alex Garland regresan con 28 Years Later, una secuela que busca cerrar un ciclo y abrir una nueva trilogía. Ambientada en unas islas británicas convertidas en zona cero postapocalíptica, la película presenta a Jamie (Aaron Taylor-Johnson), su esposa Isla (Jodie Comer) y su hijo Spike, quienes intentan sobrevivir en un territorio donde lo salvaje ha suplantado lo civilizado. La narrativa arranca con fuerza, evocando los silencios y estallidos de violencia del filme original, y evoluciona hacia una fábula sombría sobre herencia, memoria y desesperanza.
A medida que avanza la trama, el enfoque se desplaza hacia Isla y su lucha personal por un tratamiento médico, mientras el hijo toma protagonismo como la esperanza emocional de un mundo roto. El acto final introduce al Dr. Ian Kelson (Ralph Fiennes), una figura enigmática que representa más una idea filosófica que un enemigo tangible, llevando la historia hacia un terreno casi espiritual. Visualmente poderosa, la cinta fue filmada con iPhones, recuperando el estilo crudo del primer filme pero con mayor estilización.
Aunque arriesgada y atmosférica, la película no es perfecta. Presenta vacíos narrativos y decisiones discutibles, pero logra lo que muchas secuelas fallan en hacer: revitalizar su universo sin repetirse del todo. La música compuesta por Hildur Guðnadóttir y Young Fathers acentúa el tono melancólico y tribal del filme. 28 Years Later no es un cierre definitivo, sino una reactivación poética y brutal de un apocalipsis que aún tiene mucho que decir.








