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La vida familiar mantiene a Yordan Álvarez con los pies en la tierra mientras persigue la Triple Corona

HOUSTON.- Cuando termina la temporada de Grandes Ligas, Yordan Álvarez cambia los estadios llenos, los vuelos privados y los hoteles de lujo por un vehículo recreativo desde el que puede recorrer lugares apartados junto a su familia, pescar y cazar sin llamar demasiado la atención.

Ese contraste ayuda a explicar la manera en que el toletero cubano enfrenta una de las temporadas más importantes de su carrera. Mientras se encuentra entre los principales candidatos al Jugador Más Valioso de la Liga Americana y tiene posibilidades de convertirse en el primer ganador de la Triple Corona desde Miguel Cabrera en 2012, Álvarez insiste en mantener una vida alejada del ruido que acompaña a las grandes estrellas.

El béisbol, sin embargo, le está dando motivos suficientes para ocupar los titulares. El jugador de los Astros encabeza la Liga Americana con promedio de .316, suma 94 carreras impulsadas y comparte el liderato de jonrones con Junior Caminero, ambos con 37. También lidera el circuito en slugging, con .603, y OPS, con 1.035, además de dominar otras categorías ofensivas.

Buena parte de esa producción adquiere mayor valor después de la temporada anterior, cuando apenas pudo participar en 48 partidos debido a una fractura en una mano y una lesión de tobillo. Aquella experiencia terminó convirtiéndose en una motivación para recuperar la regularidad y permanecer en el terreno durante toda la campaña.

La transformación no se limita a los números. Dentro del camerino de Houston, Álvarez se ha convertido en una de las voces de mayor peso, pese a que su personalidad es reservada y rara vez protagoniza demostraciones emocionales. El miembro del Salón de la Fama Jeff Bagwell considera que el cubano ha crecido como líder y destaca tanto su desempeño como la persona que hay detrás del jugador.

Joe Espada, mánager de los Astros, también atribuye parte de la serenidad de Álvarez a la importancia que concede a su familia. Sus hijos, padres y vida personal ocupan un lugar central en sus prioridades, una perspectiva que le permite afrontar con mayor tranquilidad las exigencias de una temporada de 162 partidos.

Esa misma filosofía explica por qué el jugador evita convertir la persecución de la Triple Corona en el centro de su temporada. Álvarez reconoce que la posibilidad existe, pero prefiere concentrarse en su rendimiento y en ayudar a Houston a regresar a los playoffs después de haber quedado fuera de la postemporada el año anterior.

La historia resulta todavía más significativa al recordar de dónde viene. Álvarez creció en Cuba sin poder seguir regularmente los partidos de las Grandes Ligas por televisión y llegó a Estados Unidos en 2015 con el objetivo de convertirse algún día en jugador de MLB. Ni siquiera entonces imaginaba que terminaría disputando premios individuales de esta magnitud.

Fuera del terreno, su refugio es mucho menos sofisticado que la vida de una estrella deportiva. Álvarez comenzó viajando en un RV Grand Design valorado en unos 230,000 dólares, equipado con cocina, dormitorio y baño, y posteriormente optó por un modelo más pequeño para facilitar la conducción. Su familia recorrió Florida en él y hasta lo utilizó durante los entrenamientos de primavera de los Astros.

Uno de esos viajes resume mejor que cualquier estadística la relación que mantiene con esa vida sencilla. Durante la primavera estacionó el vehículo frente al agua en la casa de un amigo y aprovechó para pescar después de los entrenamientos. Entre sus recuerdos de aquel período está un gran pargo que consiguió atrapar, preparar y comer con su familia.

Ahora que Houston encara el tramo decisivo de la temporada, Álvarez tiene delante la posibilidad de conseguir reconocimientos que podrían colocar su nombre entre los grandes de la historia reciente del béisbol. Pero en casa la atención puede estar puesta en algo mucho más sencillo: su hijo Jordan, de cinco años, busca en YouTube los jonrones de su padre después de cada partido y los mira una y otra vez.

Ese ritual familiar parece resumir la relación que Álvarez mantiene con su propio éxito. Para millones de aficionados es una de las figuras dominantes de las Grandes Ligas; para su hijo, sigue siendo simplemente papá.

Crédito: AP

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