Un equipo de científicos encabezado por la Universidad de Pensilvania ha logrado transformar al peligroso hongo Aspergillus flavus, conocido por su toxicidad en antiguas excavaciones arqueológicas, en un compuesto con alto potencial anticancerígeno. Este hongo estuvo relacionado con muertes en las tumbas del faraón Tutankamón y del rey Casimiro IV, pero ahora ha sido modificado genéticamente para producir péptidos llamados asperigimicinas, dos de los cuales han mostrado efectos potentes contra células de leucemia.
El hallazgo se basa en el estudio de unas proteínas específicas del hongo que, tras manipulación genética, permitieron a los investigadores purificar cuatro nuevos compuestos RiPP. Uno de ellos, combinado con lípidos, presentó efectos similares a medicamentos usados en quimioterapia como la citarabina. La eficacia de estas moléculas depende del gen SLC46A3, que actúa como una «puerta de entrada» para facilitar su ingreso a las células cancerígenas.
Los resultados abren nuevas vías para el desarrollo de terapias dirigidas a ciertos tipos de cáncer, ya que las asperigimicinas no afectan a células de mama, hígado o pulmón. El próximo paso será probarlas en modelos animales. Además, se han identificado otros genes similares en distintos hongos, lo que sugiere un campo aún por explorar en la medicina basada en productos naturales.








