SAN JUAN, PUERTO RICO.- Más de 45 años de trayectoria no han convencido a Toño Rosario de abandonar los escenarios. El merenguero dominicano, que antes de alcanzar la fama trabajó como albañil, asegura que continúa disfrutando de su profesión y se prepara para reencontrarse con el público puertorriqueño en noviembre.
“El que es artista de verdad nunca piensa en retirarse. Mi vida es fantástica; estoy contento, alegre y agradecido. Los latinos y tanta gente nos han dado mucho amor”, expresó el intérprete al referirse a su carrera y al respaldo que ha recibido durante décadas.
Su próxima presentación será el miércoles 25 de noviembre en el Coca-Cola Music Hall, en San Juan, donde llevará el espectáculo “El Cuquito Galáctico”. La actuación representa una nueva oportunidad para conectar con una audiencia con la que mantiene una relación especial desde hace años.
Antes de convertirse en una de las figuras más reconocidas del merengue, Rosario tenía una vida alejada de los grandes escenarios. Su primer oficio fue la albañilería, aunque, según recuerda, su madre ya reconocía en él una inclinación particular hacia el canto.
“Antes era albañil, pero mi mamá sabía que yo tenía esa chispa para cantar”, relató el artista.
Su camino musical tomó forma junto a sus hermanos en Los Hermanos Rosario, agrupación con la que contribuyó a proyectar el merengue dominicano más allá de sus fronteras. Posteriormente, emprendió una carrera como solista y desarrolló una identidad propia, marcada por su voz, su energía escénica y una imagen inconfundible dentro del género.
La visita a Puerto Rico también servirá para promover “La Chiflera”, un merengue festivo que combina humor y doble sentido alrededor de una historia de celos y coqueteo. La canción se suma a una trayectoria en la que Rosario ha mantenido una presencia constante en la música popular dominicana.
El vínculo con la isla caribeña no se limita a sus presentaciones. Fue allí donde, según ha contado, recibió el apodo de “El Cuco”, nombre que terminó incorporándose a su identidad artística. A esa conexión se suma su vida personal: su esposa, Yari, es puertorriqueña y ambos mantienen una relación desde 1997.
De sus primeros trabajos a una carrera de reconocimiento internacional, Rosario ha construido una historia ligada al merengue y al contacto directo con el público. Su próxima actuación en San Juan llegará con una declaración clara sobre sus planes: pese al tiempo transcurrido, todavía quiere seguir cantando.








